Gilgamesh, sexo y consciencia

Creo que todo comenzó con una caricia. En el bosque, la mujer tomó a Enkidú y lo convirtió en un ser humano a través del tacto sutil y de los besos, que lo trastornaron; pero no hacia la animalidad, como suele pensarse, sino hacia la cordura. 
El sexo, por más animal y primitivo que pueda parecer, en realidad despierta estados de consciencia que no están disponibles para el resto de las operaciones del mundo cotidiano. Cuando se hace apasionadamente, es decir, cuando engañosamente está más cercano a lo irracional, es en realidad cuando se convierte en uno de los actos más abstractos y complejos: la consciencia de nuestro cuerpo como un ramillete de posibilidades sensuales (de pronto notamos que poseemos una piel y que nos cubre por completo) y la consciencia de ese otro cuerpo en el que deseamos sumergirnos; situaciones que tienen como resultado un desapego, un dejar de ser yo para empezar a ser el otro, un dejar de existir en uno mismo para existir en el otro. 
El sexo podría ser el oxímoron que reúne la consciencia completa y la completa inconsciencia. 

1 anotaciones motivantes:

Diana Carolina Galvis Padilla dijo...

Me gustó mucho este texto... creo que tienes mucho talento para la poesía.
Felicitaciones