Una lejana compañía

Ahora que estás muerto pienso en ti más a menudo y, en una complicidad singular, a veces te pregunto si te hubiera gustado, si no, o si la luna. Me gusta imaginar que supervisas mis actos, y los ejecuto con más cautela para no aburrite.
También pienso en los momentos en que no me vigilas y yo aprovecho para permitirme torpezas y caprichos. Más tarde, si embargo, me remuerde pensar que tal vez dispongas del arreglo del Aleph, y entonces tengas que actuar como el niño pudoroso que no quiere evitar ver cómo se cambia su prima el vestido, pero está ahí, tan irremediablemente escondido en el armario.
Por eso, el otro día, cuando me susurraste al oído que me acerara, que le pidiera su número, que lo invitara a salir, sentí cómo se deshacía el pacto, cómo cruzabas el umbral, y decidí que debía convertirte en una memoria nuevamente: inocua, inerte, inmóvil. ¿Pude engañarte?

2 anotaciones motivantes:

Eddney Todd dijo...

No ando muy elocuente. Sôlo diré que esto me gustô mucho.

Vanto y Vanchi dijo...

Pero si acabamos de empezar el año, che, y vos salís con temas mórbidos...pero está bueno, así es la vida, uno está vivo y de repente, moles!, una se muere y pela gato.

En fin, feliz año coleguita!