François Marie Arouet era el verdadero nombre de Voltaire, uno de los filósofos más importantes de la Ilustración. Estandarte de este movimiento ideológico podría ser la frase con la que se ha titulado este post, ¡Aplastemos lo infame!, en español. Con infame, Voltaire no se refería por completo a lo malo o perverso, sino más bien a lo irracional.
No se conoce con precisión el origen de su seudónimo, sin embargo, las teorías son bastante interesantes. Algunos afirman que se trataba de un pequeño dominio familiar, según otros, es anagrama de Arouet el joven (Arouet le jeune). Pero a mí me gusta más la que lo deriva de voulait faire taire, que en francés antiguo querría decir “deseaba hacer callar”, o acaso re-vol-tai “revolver”. [probablemente el lector esté de acuerdo conmigo si digo que el nombre tiene una carga fonética que indica movimiento, de cualquier modo].
Un ejemplo de su filosofía y crítica social lo encontramos en su novela Cándido o el optimismo, publicada en 1759, de ésta, extraigo una cita que sirva como ejemplo de la ironía elegante de la que hace gala:
“Nótese que las narices se hicieron para llevar anteojos; por eso nos ponemos anteojos; las piernas notoriamente para las calzas, y usamos calzas; las piedras para ser talladas y hacer castillos; por eso su señoría tiene un hermoso castillo: el barón principal dela provincia ha de estar mejor aposentao que ninguno; y como los marranos nacieron para que se los coman, todo el año comemos tocino: en consencuencia, los que afirman que todo está bien, han dicho una tontería; debieron decir que nada puede estar mejor.”
Ecrasons l' infame!
las célebres, libros y autoresNo me moveré de aquí hasta que sepa
cavilaciones e ideas, las célebresRaneo Dovialla dice: Buda fue una de las tantas vidas anteriores de Borges, este último, con un poco menos de apego a la idea de que el mundo era mejorable en algún aspecto, se dedicó a excitar corazones de otro modo: nos entregó el Aleph, que fue una revelación -inconsciente o no- que le quedó después de un sueño, una reminiscencia de todo el conocimiento adquirido en la noche del Nirvana, o al menos un acercamiento de la representación de esa condensación, en un punto, del saber completo.
Mira esa piedra cómo ya no se para…
las célebres, libros y autoresDemetrio Macías es un hombre que inspira temor, pues es conocida su voluntad aguerrida en todo lo que hace. Ha sido impelido por el ánimo de la lucha revolucionaria, y poco a poco va ingresando en ella de un modo que después ya no lo deja salir. Él, hombre de pueblo, con la lógica del arriero amante de la tierra y las mujeres, la aventura y la bravura, no concibe un resquicio de paz, una alternativa de escape. Sin embargo, en sus zapatos cualquiera estaría en el mismo aprieto.
Mariano Azuela, quien vivió el conflicto en carne propia, mientras era médico de una de las facciones (comandada por Francisco Villa), recrea (no sólo expone) a través de este personaje singular la concepción que tenía acerca del hálito destructivo y aparentemente irrefrenable del conflicto revolucionario. Su prosa directa y precisa, provoca al leer la sensación del polvo molestando la nariz y el sol imponente secando hasta las piedras.
En una de las escenas últimas, este personaje responde de este modo a la pregunta "-¿Por qué pelean ya, Demetrio?", que le hace su mujer:
"Demetrio, las cejas muy juntas, toma distraído una piedrecita y la arroja al fondo del cañón. Se mantiene pensativo viendo el desfiladero, y dice:
-Mira esa piedra cómo ya no se para..."
Apártate de mi sol
las célebresCon una lamparilla, en pleno día, buscando a un hombre de verdad

Diógenes de Sinope (412 a. C – 323 a. C.), el Cínico, quien no ha de confundirse con su tocayo, Laercio, se hallaba descansando en su acostumbrado y humilde tonel (o cerca de un río y tomando el sol de acuerdo con las diversas anécdotas), cuando la silueta de Alejandro Magno se inscribió sobre su vista. ‘Apártate de mi sol’, fue la respuesta procaz que recibió del filósofo. Y no se sabe si como ardid de humildad o con cierta ironía, el Magno replicó: ‘Si volviera a la vida, pediría ser Diógenes’. Algunos años más tarde, otra convocatoria de la historia los uniría nuevamente, pues el filósofo en su tonel y a causa de la vejez, por un lado, y el conquistador más grande de la tierra por un piquete de pulga, por el otro, morirían exactamente el mismo día.
El cinismo, de quien fue partidario Diógenes, tiene su origen en esta escuela filosófica que predica el apego a lo natural y critica las convenciones sociales. No hace falta mucha imaginación para pensar cómo eventualmente tomó el significado que ahora conocemos. Se considera también que el Cínico fue el fundador de la idea del cosmopolitismo, porque el filósofo siempre afirmó ser hombre del mundo y no de un determinado país.

